El neoliberalismo como ideología de las élites que
aprovecharon las crisis para legitimar los cambios, la explotación, las malas
rachas, presentándolo como algo que tenía que ocurrir en nuestro país, disfrazándolo
con tecnicismos. A la par crecía la noción individualista moderna, que busca la
validez de la persona proporcional a su poder de adquisición, al consumo de
productos efímeros que culminan por darle al mexicano una identidad efímera,
pragmática, que permite su fácil control a manos de las élites y grupos de
poder que se benefician de la falta de conciencia de la población consumidora,
que no se opone a nada pues en sus intereses no se encuentran las necesidades
de diálogo, ni de unión de fuerzas, si no, de exclusión que desgasta cada vez
más el tejido social.
Si bien el neoliberalismo es un fenómeno global, sus
implicaciones en México pueden ser vistas con el mismo lente del diálogo oculto
que mantienen los políticos, los empresarios, que legitiman sus decisiones
ególatras con la excusa de que el país necesita de ese progreso, que cualquier
otra medida que se tome, nos costaría nuestro lugar en el mercado global, y por
ende es tachada de retrógrada. El neoliberalismo se apoya en la agenda individualista
para mantener la atención del ser humano en asuntos efímeros, mientras que
aquellos pocos en el poder, toman decisiones cuyas consecuencias son de largo
plazo o permanentes, al igual que tangibles para el individuo que se mantiene
ocupado consumiendo y buscando cada vez más formas de conseguir un aislamiento
disfrazado de “exclusividad”.
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