martes, 21 de febrero de 2017

Reflexiones sobre filosofía de la educación

Para poder responder a la pregunta ¿Qué es educar? Es necesario primero saber qué es el ser humano, qué dimensiones le componen y cuáles de ellas tienen que ser formadas y moldeadas´, incluso preguntarse si ¿Es necesario educar al ser humano?. De acuerdo a los ámbitos que pensemos que requieren de orientación para su desarrollo, estarán diseñados los sistemas educativos y las formas de educar. Partiendo de esta premisa, podemos entonces utilizar los estilos educativos como una ventana hacia las visiones que se tienen de la persona. Y los estilos educativos se reflejan en los resultados educativos, es decir, en la forma de ser de las sociedades. Y la sociedad que habitamos hoy; mexicana, clase media, siglo XXI, tiene altos índices de violencia, de machismo, de individualismo, de consumismo desenfrenado, de discriminación y xenofobia. ¿Cuáles fueron entonces las formas en las que fue educada esta sociedad? Y yendo más allá ¿Cuál es el concepto de ser humano con el que la sociedad de hoy fue educada para ser como es? La existencia de escuelas basadas en las relaciones de poder, en la autoridad del maestro, en la ignorancia de los alumnos, ha dado como resultado un país que funciona bajo esa misma lógica; relaciones de poder, autoridad e ignorancia. Estudiar bajo el concepto de a-lumno –el que carece de luz-, se relaciona directamente con altos niveles de ignorancia en México, independientes al nivel de escolaridad. La falta de promoción de creatividad en el salón de clases, explica por qué nos ha costado tanto trabajo escapar al sistema político, social y económico hegemónico. La cultura machista que hoy tenemos es solo un reflejo de la educación que recibieron quienes lo ejercen hoy, es una resaca de la prohibición del acceso de las mujeres en las universidades. Y todo esto nos habla del concepto que tenemos de ser humano, concepto que urge actualizar, repensar y mejorar en favor de la libertad, la creatividad y la paz. Invitamos a pensar: ¿Què tipo de sociedad se espera para el futuro? y ¿Cómo la educaciòn puede contribuir a formar la sociedad que se busca?

martes, 14 de febrero de 2017

Necesidad del feminismo en la educación

Se habla mucho de que la educación debe ser integral y crítica, una educación que ayude a acabar con las desigualdades de todo tipo, trabajar por un mundo más justo y solidario. Pero en realidad ¿qué tanto se lleva esto a cabo?,¿en realidad la educación se preocupa por formar personas con equidad, justas y solidarias?

Según datos de la UNESCO, en el mundo hay 860 millones de personas
analfabetas, dos tercios son mujeres. Es decir, existen 584 millones de mujeres
analfabetas. De los 120 millones de menores que tampoco tienen oportunidades
escolares básicas, también dos tercios son niñas.

Datos indican que en todos los niveles del sistema educativo, las mujeres
son las que obtienen mejores resultados académicos, sin embargo las expectativas en su trabajo topan con el techo de cristal.

Es importante que en la educación se tomen en cuenta las dinámicas “micromachistas” que suelen ocultar las capacidades de la mujer al desarrollarse académicamente para dejar de poner a la mujer en una posición más baja que el hombre, para reelaborar los contenidos del contrato de género, desde las experiencias de diversidad e igualdad.

La educación sexual que ha demostrado ser tan importante en el proceso de formación de una persona, se refiere no únicamente a la aplicación correcta de preservativos masculinos, sino, a la búsqueda de la equidad de la mujer, de todas las mujeres, incluyendo a aquellas que no tienen una vagina o un par de senos. No se trata de enseñar medidas de prevención de violaciones, ni se trata tampoco de castigar a las mujeres que deciden vestirse con faldas cortas, o que enseñan sus hombros, sino, de enseñar a los hombres a respetar a las mujeres sin importar su vestimenta, es contrarrestar la noción de que las mujeres son objetos sexuales disponibles para que los tomen a su gusto.

lunes, 6 de febrero de 2017

Fundamentos Filosóficos del Feminismo

La complejidad de la realidad es tal, que ha requerido el desarrollo de diversas disciplinas que trabajen con cada una de sus partes de forma independiente a manera de especialidades. Se puede hablar del mundo en términos de física, de historia, de economía, de espiritualidad, de arquitectura, de biología, de política, de psicología, etc. La cantidad de ciencias que han sido desarrolladas a lo largo de los tiempos y de los lugares es extensísima, sin tomar en cuenta que cada una de estas vertientes a su vez contiene temas especializados.

Como hemos revisado en el curso de “Filosofía de la educación”, la realidad nos aparece moldeada por la perspectiva desde la cual la miramos. Es posible desmembrarla en un millón de hilos que explican las múltiples dimensiones que constituyen nuestro mundo, las respuestas que encontremos estarán inevitablemente determinadas por las preguntas que soltemos al exterior.

Siendo así, ¿Qué encontramos cuando nos hacemos preguntas relacionadas con el género? ¿Qué pasa cuando miramos el mundo y hacemos énfasis en las desigualdades a las que el género femenino ha estado sometido a lo largo de la historia y de las diversas culturas? Nuria Varela (2008) propone el concepto de “utilizar las gafas moradas” cuando propone mirar el mundo con el color del feminismo, el morado, haciendo una invitación a que, así como es posible posicionarse desde cualquier disciplina, nos paremos en el estrado morado del feminismo y observemos desde ahí cómo ocurren injusticias a causa del machismo y cómo es responsabilidad de todas las mujeres, organizarnos para detenerlas.

Los fundamentos del feminismo como tal, son relativamente nuevos, pues datan del siglo XVIII cuando la revolución francesa estaba en auge, esto claro, si se revisa la historia clásica occidental. Sin embargo, a lo largo de toda la historia han existido movimientos de mujeres que luchan por la reivindicación y por encontrar el acceso a espacios dignos dentro de sus sociedades, y que en su mayoría han sido invisibilizados.

Es pertinente entonces, explicar brevemente qué es el feminismo, para desmitificar el término -que de por sí carga con un pesado conjunto de prejuicios erróneos- y para encuadrar el punto de este escrito. Para este propósito haremos uso de nuevo de la palabra de Nuria Varela:

El feminismo es un discurso político que se basa en la justicia. El feminismo es una teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que viven toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad. Partiendo de esa realidad, el feminismo se articula como filosofía política y, al mismo tiempo, como movimiento social. (Varela, 2008, p. 10)  

Resulta que las definiciones existentes de feminismo son siempre amplias, diferentes e incluso ambiguas. Esto sucede porque, así como hay distintas corrientes artísticas que definirán el arte según su perspectiva, hay también distintas corrientes de feminismo, siempre con cosas en común, pero siempre también con particularidades, diferencias e incluso contradicciones. El feminismo, al igual que la filosofía, puede aplicarse en cualquier ámbito de la vida, siempre y cuando este ámbito contenga personas, lo cual sucede en casi todos los casos, pues quien estudia algo, siempre es una persona.

Como previamente se afirmó, existe feminismo en el ámbito de la política, también en cuanto a movimiento social, existe una corriente llamada “ecofeminismo”, que analiza las similitudes entre la opresión y explotación de los cuerpos femeninos y del medio ambiente. Existe feminismo negro, indígena, blanco, mestizo, etc. pues no escapa a las diferencias raciales, aunque en la mayoría de los casos hace propuestas de equidad. Es posible encontrar feminismo en ámbitos laborales y universitarios, dentro de las casas y en las calles. En el ámbito médico, en las redes sociales virtuales y en los libros. En fin, el feminismo, al igual que el machismo y la violencia de género, pueden estar presentes en cualquier dimensión de la realidad. Es adaptable y fácil de tropicalizar, además de urgente. Es una perspectiva que literalmente; atraviesa la realidad, y la filosofía no se queda atrás.

La filosofía asienta su existencia en las preguntas; en cuestionar y analizar por qué hacemos lo que hacemos, por qué somos como somos. Es aquella disciplina que se ocupa de descubrir la causa suprema de las cosas, de escarbar en los “por qués” hasta llegar a una conclusión o enloquecer, incluso cuando es más frecuente lo segundo.

Sorprendentemente, el feminismo se dedica exactamente a eso; a preguntar si los esquemas establecidos tienen que ser forzosamente de la manera en que son, es transgresor porque cuestiona el orden establecido y porque dedica su existencia a preguntar por qué las mujeres no eran permitidas en las universidades, por qué se logró el sufragio femenino en México hace apenas 64 años, en 1953, por qué los maridos golpean a sus esposas, por qué casi no hay diputadas, por qué cuando una camina por la calle, tiene que aguantar chiflidos y comentarios obscenos, por qué hay tantas mujeres violadas, por qué hay tantas madres solteras, y un largo etcétera.

Es extraño que el feminismo encaja con la definición de filosofía; parece que debería de ser una corriente de la filosofía, que existe, mínimo, desde el año 500 a. C., que fue cuando Pitágoras acuñó este término. Y esta coincidencia resulta extraña porque en las clases de filosofía nunca se revisa el pensamiento de alguna mujer, y si se hace es en un porcentaje ridículamente reducido. Platón, Sócrates, Santo Tomás de Aquino, Voltaire, Hegel, Heiddeger, Nietszche, Zubiri, Foucault, etc. Todos son hombres, y en las clases de filosofía se revisa el pensamiento de las mujeres apenas como un brochazo superficial, sin que las filósofas se encuentren mezcladas con sus compañeros entre las diversas corrientes. En la filosofía se estudia el pensamiento de las mujeres todas agrupadas como “feministas”, como si todas las mujeres fueran feministas y pensaran igual.

Nos encontramos ahora como una serpiente que muerde su cola, frente a una paradoja; la perspectiva feminista se puede adoptar casi desde cualquier disciplina; y resulta particularmente interesante abordarlo desde la perspectiva filosófica, pues al hacerlo nos encontramos con que coinciden en definiciones y que el feminismo bien podría oficialmente formar parte de la filosofía, aquella no-ciencia que se auto apoda madre de todas las ciencias. Sin embargo, la paradoja aparece cuando incluso la filosofía ha sido excluyente con las mujeres, y que se ha perdido de mentes brillantes al negar el acceso a las mujeres dentro de los grandes personajes de la filosofía. Resulta que, con el mismo método que la filosofía propone; el cuestionamiento de todo, el feminismo se pregunta por qué las mujeres tampoco hemos tenido cabida en la filosofía, con lo que pone en entredicho la validez de esta forma de ver el mundo y con lo cual nos plantamos frente a una más de las paradojas que la vida no se cansa de presentarnos.


Bibliografía
Varela, N. (2008) Feminismo para principiantes. pp. 1-10