El amor como la muerte son
definitivos y no hay manera de escaparles ni de aplazarlos como dijo Bauman en amor líquido. Ambos pueden ser temidos,
pero es quizá la incertidumbre del amor, el giro de sus eventos el que asusta
quizá aún más que la muerte, “la maravillosa fragilidad del amor” es darle todo
el poder a alguien para destrozarte y esperar con todo tu ser que no sea el
caso. No se sabe realmente qué es el amor hasta que se experimenta, quizá pueda
ser descrito de acuerdo a lo vivido por alguien más, pero la experiencia de
otras personas no puede aprenderse verdaderamente como experiencia. Milan
Kundera plantea en la Insoportable
levedad del ser, como la vida es boceto y obra terminada al mismo tiempo,
no hay un ensayo previo ni otra función con la que se pueda comparar qué tan
bien llevamos a cabo el conjunto de momentos que llamamos vida. Lo mismo ocurre
con el amor y con la muerte, no hay manera de aprender a amar como no hay
manera de aprender a morir, ambos intentos resultarían ser igual de inútiles, y
esta es quizá la razón por la que las personas le temen tanto a estos
acontecimientos.
“Cada aparición de cualquiera de
las dos es única pero definitiva, irrepetible, inapelable e impostergable.”
