lunes, 6 de febrero de 2017

Fundamentos Filosóficos del Feminismo

La complejidad de la realidad es tal, que ha requerido el desarrollo de diversas disciplinas que trabajen con cada una de sus partes de forma independiente a manera de especialidades. Se puede hablar del mundo en términos de física, de historia, de economía, de espiritualidad, de arquitectura, de biología, de política, de psicología, etc. La cantidad de ciencias que han sido desarrolladas a lo largo de los tiempos y de los lugares es extensísima, sin tomar en cuenta que cada una de estas vertientes a su vez contiene temas especializados.

Como hemos revisado en el curso de “Filosofía de la educación”, la realidad nos aparece moldeada por la perspectiva desde la cual la miramos. Es posible desmembrarla en un millón de hilos que explican las múltiples dimensiones que constituyen nuestro mundo, las respuestas que encontremos estarán inevitablemente determinadas por las preguntas que soltemos al exterior.

Siendo así, ¿Qué encontramos cuando nos hacemos preguntas relacionadas con el género? ¿Qué pasa cuando miramos el mundo y hacemos énfasis en las desigualdades a las que el género femenino ha estado sometido a lo largo de la historia y de las diversas culturas? Nuria Varela (2008) propone el concepto de “utilizar las gafas moradas” cuando propone mirar el mundo con el color del feminismo, el morado, haciendo una invitación a que, así como es posible posicionarse desde cualquier disciplina, nos paremos en el estrado morado del feminismo y observemos desde ahí cómo ocurren injusticias a causa del machismo y cómo es responsabilidad de todas las mujeres, organizarnos para detenerlas.

Los fundamentos del feminismo como tal, son relativamente nuevos, pues datan del siglo XVIII cuando la revolución francesa estaba en auge, esto claro, si se revisa la historia clásica occidental. Sin embargo, a lo largo de toda la historia han existido movimientos de mujeres que luchan por la reivindicación y por encontrar el acceso a espacios dignos dentro de sus sociedades, y que en su mayoría han sido invisibilizados.

Es pertinente entonces, explicar brevemente qué es el feminismo, para desmitificar el término -que de por sí carga con un pesado conjunto de prejuicios erróneos- y para encuadrar el punto de este escrito. Para este propósito haremos uso de nuevo de la palabra de Nuria Varela:

El feminismo es un discurso político que se basa en la justicia. El feminismo es una teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que viven toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad. Partiendo de esa realidad, el feminismo se articula como filosofía política y, al mismo tiempo, como movimiento social. (Varela, 2008, p. 10)  

Resulta que las definiciones existentes de feminismo son siempre amplias, diferentes e incluso ambiguas. Esto sucede porque, así como hay distintas corrientes artísticas que definirán el arte según su perspectiva, hay también distintas corrientes de feminismo, siempre con cosas en común, pero siempre también con particularidades, diferencias e incluso contradicciones. El feminismo, al igual que la filosofía, puede aplicarse en cualquier ámbito de la vida, siempre y cuando este ámbito contenga personas, lo cual sucede en casi todos los casos, pues quien estudia algo, siempre es una persona.

Como previamente se afirmó, existe feminismo en el ámbito de la política, también en cuanto a movimiento social, existe una corriente llamada “ecofeminismo”, que analiza las similitudes entre la opresión y explotación de los cuerpos femeninos y del medio ambiente. Existe feminismo negro, indígena, blanco, mestizo, etc. pues no escapa a las diferencias raciales, aunque en la mayoría de los casos hace propuestas de equidad. Es posible encontrar feminismo en ámbitos laborales y universitarios, dentro de las casas y en las calles. En el ámbito médico, en las redes sociales virtuales y en los libros. En fin, el feminismo, al igual que el machismo y la violencia de género, pueden estar presentes en cualquier dimensión de la realidad. Es adaptable y fácil de tropicalizar, además de urgente. Es una perspectiva que literalmente; atraviesa la realidad, y la filosofía no se queda atrás.

La filosofía asienta su existencia en las preguntas; en cuestionar y analizar por qué hacemos lo que hacemos, por qué somos como somos. Es aquella disciplina que se ocupa de descubrir la causa suprema de las cosas, de escarbar en los “por qués” hasta llegar a una conclusión o enloquecer, incluso cuando es más frecuente lo segundo.

Sorprendentemente, el feminismo se dedica exactamente a eso; a preguntar si los esquemas establecidos tienen que ser forzosamente de la manera en que son, es transgresor porque cuestiona el orden establecido y porque dedica su existencia a preguntar por qué las mujeres no eran permitidas en las universidades, por qué se logró el sufragio femenino en México hace apenas 64 años, en 1953, por qué los maridos golpean a sus esposas, por qué casi no hay diputadas, por qué cuando una camina por la calle, tiene que aguantar chiflidos y comentarios obscenos, por qué hay tantas mujeres violadas, por qué hay tantas madres solteras, y un largo etcétera.

Es extraño que el feminismo encaja con la definición de filosofía; parece que debería de ser una corriente de la filosofía, que existe, mínimo, desde el año 500 a. C., que fue cuando Pitágoras acuñó este término. Y esta coincidencia resulta extraña porque en las clases de filosofía nunca se revisa el pensamiento de alguna mujer, y si se hace es en un porcentaje ridículamente reducido. Platón, Sócrates, Santo Tomás de Aquino, Voltaire, Hegel, Heiddeger, Nietszche, Zubiri, Foucault, etc. Todos son hombres, y en las clases de filosofía se revisa el pensamiento de las mujeres apenas como un brochazo superficial, sin que las filósofas se encuentren mezcladas con sus compañeros entre las diversas corrientes. En la filosofía se estudia el pensamiento de las mujeres todas agrupadas como “feministas”, como si todas las mujeres fueran feministas y pensaran igual.

Nos encontramos ahora como una serpiente que muerde su cola, frente a una paradoja; la perspectiva feminista se puede adoptar casi desde cualquier disciplina; y resulta particularmente interesante abordarlo desde la perspectiva filosófica, pues al hacerlo nos encontramos con que coinciden en definiciones y que el feminismo bien podría oficialmente formar parte de la filosofía, aquella no-ciencia que se auto apoda madre de todas las ciencias. Sin embargo, la paradoja aparece cuando incluso la filosofía ha sido excluyente con las mujeres, y que se ha perdido de mentes brillantes al negar el acceso a las mujeres dentro de los grandes personajes de la filosofía. Resulta que, con el mismo método que la filosofía propone; el cuestionamiento de todo, el feminismo se pregunta por qué las mujeres tampoco hemos tenido cabida en la filosofía, con lo que pone en entredicho la validez de esta forma de ver el mundo y con lo cual nos plantamos frente a una más de las paradojas que la vida no se cansa de presentarnos.


Bibliografía
Varela, N. (2008) Feminismo para principiantes. pp. 1-10


1 comentario:

  1. Después de leer su publicación quedé impresionada. Su tema es bastante actual y polémico, pero al estar informadas e investigar lograron informar de una manera pertinente. Considero que es un tema que prácticamente apenas "estalló" siendo que desde tiempo remotos se ha dado está discriminación y/o injusticias hacía la mujer. Se necesita informar, conocer y pensar para poder actuar al respecto.

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